José María ha aprendido a leer. Lee todo lo que se pone frente a sus ojos. Y tiene una audacia sorprendente para dividir las palabras en sílabas y así determinar su escritura. En su reciente visita leímos Colás el chico y Colás el grande, de una antología de Hans Christian Andersen. Lo leímos antes de dormir y escuchó con atención y me preguntó por qué Colás el chico sólo tenía un caballo, y después por qué Colás el grande siempre quería lo que tenía Colás el chico. Me dijo que nunca había escuchado un cuento tan largo. Al día siguiente, a penas despertó me platicó que ya sabía hacer papel picado, y que podíamos hacerlo ese mismo día. Lamentablemente la agenda de sus papás no lo permitió. En el transcurso del día me hizo otra pregunta capciosa: "Ana, ¿qué es un enemigo?". José María tiene cuatro años y una adicción por las historias que me maravilla, sin menospreciar su gran curiosidad por palabras de gran complejidad (como lo es "enemigo"). Ah, por cierto me escribió una carta de una contundencia y economía de palabras inigualable, al pie de la letra se lee: "Anasella, te amo".
(Yo también te amo, José María)
miércoles 11 de noviembre de 2009
martes 10 de noviembre de 2009
Formas de morir
Hablo tan poco
que temo que he comenzado
ha inexistir
Porque no decir
debe sin duda
ser una forma
de morir
como los es no amar
y no tener ganas
ni de llorar
como lo es no
coger
y no tener ganas
ni de.
que temo que he comenzado
ha inexistir
Porque no decir
debe sin duda
ser una forma
de morir
como los es no amar
y no tener ganas
ni de llorar
como lo es no
coger
y no tener ganas
ni de.
jueves 5 de noviembre de 2009
En busca de...
Busco una señal. En el espejo, en mi cuerpo, en el rostro de las personas que veo. Debe estar en algún sitio, eso es indudable. La señal es un símbolo, y el símbolo encierra el sentido de todo misterio. Sé que puede estar en las líneas de mis manos o en el iris de mis ojos, hasta en la forma de hacer el amor. Quizá los caballos, las alas y las fotografías sean alegoría, símbolo del misterio que me toca develar. Tengo tanto miedo de morir antes, de que el tiempo sea insuficiente para comprenderlo.
miércoles 4 de noviembre de 2009
martes 3 de noviembre de 2009
Bonne appétit!
Vi una nueva película sobre la comida y sus alrededores Julie and Julia, y ahora los alrededores abarcan el potencial de un blog, y una decisión humana que consiste en la simpleza de cumplir una meta, por el simple capricho de cumplirla, y sus recompensas por añadidura.
La película aborda una de mis mayores pasiones: la escritura, ligada -aunque en un plano muy secundario-, a otra de mis pasiones: la Fotografía, resulta que la protagonista (Julia, a quien por cierto caracteriza una de mis actrices favoritas Meril Streep) está casada con un diplomático que es fotógrafo.
La película fue escrita y dirigida por Nora Ephron a partir de una adaptación de dos bestsellers: “Dominando el Arte de la Cocina Francesa”, de Julia Child y “Julie Y Julia: 365 Días, 524 Recetas, Una diminuta Cocina”, de Julie Powell.
No contaré la película, pero en cuanto a técnica quiero decir que la paleta de colores empleada por el fotógrafo Stephen Goldblatt fue genial para distinguir entre las dos épocas que se unen a través de un libro de cocina (la calidez de los colores despierta el apetito) pero, sobre todo, estas dos épocas se unen a través de la sensibilidad y el coraje en dos mujeres, que sin plantearse perfectas resultan personajes alentadores en un mundo que sigue estando a los pies del género masculino.
El papel del hombre en este largometraje es extraordinario; son amorosos, leales, tolerantes, sin ser perfectos; tampoco, gracias a dios, cumplen el perfil de belleza de revistas de moda actuales, pero son parejas ideales.
Respecto del blog, inevitablemente recordé aquella vez, cuando tuve alumnos del Colegio de Gastronomía, en que les pedí llevar un diario sobre sus experiencia con la comida, a la mayoría le pareció inútil; si llegan a ver está película espero que entiendan que no lo era y ojalá puedan retomar el diario.
Sin duda una de las maravillas de la civilización humana, es haber hecho de la preparación de alimentos un arte de los sentidos, todos juntos.
La película aborda una de mis mayores pasiones: la escritura, ligada -aunque en un plano muy secundario-, a otra de mis pasiones: la Fotografía, resulta que la protagonista (Julia, a quien por cierto caracteriza una de mis actrices favoritas Meril Streep) está casada con un diplomático que es fotógrafo.
La película fue escrita y dirigida por Nora Ephron a partir de una adaptación de dos bestsellers: “Dominando el Arte de la Cocina Francesa”, de Julia Child y “Julie Y Julia: 365 Días, 524 Recetas, Una diminuta Cocina”, de Julie Powell.
No contaré la película, pero en cuanto a técnica quiero decir que la paleta de colores empleada por el fotógrafo Stephen Goldblatt fue genial para distinguir entre las dos épocas que se unen a través de un libro de cocina (la calidez de los colores despierta el apetito) pero, sobre todo, estas dos épocas se unen a través de la sensibilidad y el coraje en dos mujeres, que sin plantearse perfectas resultan personajes alentadores en un mundo que sigue estando a los pies del género masculino.
El papel del hombre en este largometraje es extraordinario; son amorosos, leales, tolerantes, sin ser perfectos; tampoco, gracias a dios, cumplen el perfil de belleza de revistas de moda actuales, pero son parejas ideales.
Respecto del blog, inevitablemente recordé aquella vez, cuando tuve alumnos del Colegio de Gastronomía, en que les pedí llevar un diario sobre sus experiencia con la comida, a la mayoría le pareció inútil; si llegan a ver está película espero que entiendan que no lo era y ojalá puedan retomar el diario.
Sin duda una de las maravillas de la civilización humana, es haber hecho de la preparación de alimentos un arte de los sentidos, todos juntos.
Sueño 2
Tengo alas. Alas físicas, pequeñas, pero voladoras. Alas de pollo, luego alas de hada. Una de mis hadas cobra vida. Sus alas revolotean. Le pido a Tafoya que dejé de usar sus armas conmigo.
jueves 29 de octubre de 2009
Sueño 1
Me escondo de alguien. Me escondo en el closet de mis papás como lo hacía cuando era niña. Me escondo de un hombre al que quise, pero ahora no quiero que me encuentre, no quiero verlo ni hablar con él. Entro a un pasaje, que va a dar a un cuarto donde hay muchos retratos, es muy parecido al cuarto de la casa de mis abuelos, donde hay fotografías en todas las paredes, la mayoría son fotos viejas de la familia y de personas que no conozco, pero sé que son mis muertos.
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