jueves 5 de noviembre de 2009
En busca de...
Busco una señal. En el espejo, en mi cuerpo, en el rostro de las personas que veo. Debe estar en algún sitio, eso es indudable. La señal es un símbolo, y el símbolo encierra el sentido de todo misterio. Sé que puede estar en las líneas de mis manos o en el iris de mis ojos, hasta en la forma de hacer el amor. Quizá los caballos, las alas y las fotografías sean alegoría, símbolo del misterio que me toca develar. Tengo tanto miedo de morir antes, de que el tiempo sea insuficiente para comprenderlo.
miércoles 4 de noviembre de 2009
martes 3 de noviembre de 2009
Bonne appétit!
Vi una nueva película sobre la comida y sus alrededores Julie and Julia, y ahora los alrededores abarcan el potencial de un blog, y una decisión humana que consiste en la simpleza de cumplir una meta, por el simple capricho de cumplirla, y sus recompensas por añadidura.
La película aborda una de mis mayores pasiones: la escritura, ligada -aunque en un plano muy secundario-, a otra de mis pasiones: la Fotografía, resulta que la protagonista (Julia, a quien por cierto caracteriza una de mis actrices favoritas Meril Streep) está casada con un diplomático que es fotógrafo.
La película fue escrita y dirigida por Nora Ephron a partir de una adaptación de dos bestsellers: “Dominando el Arte de la Cocina Francesa”, de Julia Child y “Julie Y Julia: 365 Días, 524 Recetas, Una diminuta Cocina”, de Julie Powell.
No contaré la película, pero en cuanto a técnica quiero decir que la paleta de colores empleada por el fotógrafo Stephen Goldblatt fue genial para distinguir entre las dos épocas que se unen a través de un libro de cocina (la calidez de los colores despierta el apetito) pero, sobre todo, estas dos épocas se unen a través de la sensibilidad y el coraje en dos mujeres, que sin plantearse perfectas resultan personajes alentadores en un mundo que sigue estando a los pies del género masculino.
El papel del hombre en este largometraje es extraordinario; son amorosos, leales, tolerantes, sin ser perfectos; tampoco, gracias a dios, cumplen el perfil de belleza de revistas de moda actuales, pero son parejas ideales.
Respecto del blog, inevitablemente recordé aquella vez, cuando tuve alumnos del Colegio de Gastronomía, en que les pedí llevar un diario sobre sus experiencia con la comida, a la mayoría le pareció inútil; si llegan a ver está película espero que entiendan que no lo era y ojalá puedan retomar el diario.
Sin duda una de las maravillas de la civilización humana, es haber hecho de la preparación de alimentos un arte de los sentidos, todos juntos.
La película aborda una de mis mayores pasiones: la escritura, ligada -aunque en un plano muy secundario-, a otra de mis pasiones: la Fotografía, resulta que la protagonista (Julia, a quien por cierto caracteriza una de mis actrices favoritas Meril Streep) está casada con un diplomático que es fotógrafo.
La película fue escrita y dirigida por Nora Ephron a partir de una adaptación de dos bestsellers: “Dominando el Arte de la Cocina Francesa”, de Julia Child y “Julie Y Julia: 365 Días, 524 Recetas, Una diminuta Cocina”, de Julie Powell.
No contaré la película, pero en cuanto a técnica quiero decir que la paleta de colores empleada por el fotógrafo Stephen Goldblatt fue genial para distinguir entre las dos épocas que se unen a través de un libro de cocina (la calidez de los colores despierta el apetito) pero, sobre todo, estas dos épocas se unen a través de la sensibilidad y el coraje en dos mujeres, que sin plantearse perfectas resultan personajes alentadores en un mundo que sigue estando a los pies del género masculino.
El papel del hombre en este largometraje es extraordinario; son amorosos, leales, tolerantes, sin ser perfectos; tampoco, gracias a dios, cumplen el perfil de belleza de revistas de moda actuales, pero son parejas ideales.
Respecto del blog, inevitablemente recordé aquella vez, cuando tuve alumnos del Colegio de Gastronomía, en que les pedí llevar un diario sobre sus experiencia con la comida, a la mayoría le pareció inútil; si llegan a ver está película espero que entiendan que no lo era y ojalá puedan retomar el diario.
Sin duda una de las maravillas de la civilización humana, es haber hecho de la preparación de alimentos un arte de los sentidos, todos juntos.
Sueño 2
Tengo alas. Alas físicas, pequeñas, pero voladoras. Alas de pollo, luego alas de hada. Una de mis hadas cobra vida. Sus alas revolotean. Le pido a Tafoya que dejé de usar sus armas conmigo.
jueves 29 de octubre de 2009
Sueño 1
Me escondo de alguien. Me escondo en el closet de mis papás como lo hacía cuando era niña. Me escondo de un hombre al que quise, pero ahora no quiero que me encuentre, no quiero verlo ni hablar con él. Entro a un pasaje, que va a dar a un cuarto donde hay muchos retratos, es muy parecido al cuarto de la casa de mis abuelos, donde hay fotografías en todas las paredes, la mayoría son fotos viejas de la familia y de personas que no conozco, pero sé que son mis muertos.
miércoles 21 de octubre de 2009
El día que me besó
Nos encontramos en la manifestación de octubre. Estaba justo detrás de mí, como ángel guardián. Me sedujo. Quizá fue esa mezcla de juventud, altura, fortaleza y piel morena peleando por la justicia. Eran las ocho y media de la noche y seguían llegando contingentes. Desde las cuatro me dediqué a observar y tomar fotos. Hubo un momento en el que casi me conmueven tantas personas enojadas y gritando: "¡basta gobierno autoritario, devuelve el empleo!". Pero debo reconocer que hay algo muerto en mí que ahoga la emoción facilona, que me obliga a dudar, a no creer, a tener presente la fragilidad de las decisiones humanas, la vulnerabilidad de su congruencia, el caldo de cultivo inagotable de sus deseos. De cualquier modo, yo estaba ahí, y me sentí segura, solidaria y fuerte. Y él estaba gritando, marchando y mostrando su descontento. Y por ese simple hecho me sentí su mujer y lo sentí mi hombre. Me tomó de la mano y anduvimos.
lunes 19 de octubre de 2009
Batalla matutina
Tomé aire. La guerra debía ser así; masiva, tumultuosa, agobiante. Entré con las armas en alto. Pronto las extremidades volaban por todas partes, brazos y piernas se enredaban en los míos, un codo se enterró en mi esternón, comencé a sudar y una patada en la espinilla me doblegó. Mis cabellos pugnaban por su cuenta enredados con los de mis colegas, y luego hechos maraña y confundidos dejaron de ser la cascada bruna que los poetas loaron en domingo. Entre los manotazos y la pugna cuerpo a cuerpo por unos milímetros de espacio, sólo los necesarios para permitir la expansión de los pulmones, un respiro, condición mínima para la vida, empuñé el bolso y blandí el paraguas. Me correspondía un centímetro más en el mundo comprimido del vagón. En mi piel se embarraron nalgas, rodillas, pechos, narices y alientos. Me colgué de un tubo, y fui chita en la selva naranja. Perdí los anteojos, que luego un alma caritativa me devolvió. Gané pisotones y dos libros desempastados. Se abrieron las puertas. Las armas dejaron de serlo. Me acomodé el saco, alisé mi cabello. Caminé en línea cuatro calles. Crucé las puertas de la oficina. Dije con amable sonrisa: "Buenos días".
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