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San Judas está de moda

Multi-identidad y contracultura, entre lo culto y lo pagano Anasella Acosta C oloca a San Judas entre sus piernas. Se retoca las pestañas. Domingo 28 de septiembre, metro Impulsora, 12:30 de la tarde. Se encuentra con Berenice de unos 15 años. Visten pantalones ajustados, cabello engomado. Su actitud es coqueta, como si asistieran al encuentro de un amor primerizo. Trasborde en Guerrero. Destino: metro Hidalgo, Templo San Hipólito. Anuncios fluorescentes en los que se lee “San Juditas” indican la salida correcta. Grupos de jóvenes abrazan orgullosos, quizá altaneros y desafiantes, la efigie de San Judas Tadeo en hueso, madera, plástico o yeso; se lo visten, estampado en pla yeras o en túnica blanca y manto verde; se lo cuelgan de las muñecas o del cuello en escapularios, rosarios y cuentas circulares; se lo tatúan en los brazos y el pecho. Esquina Guerrero y Zarco, Centro Histórico. De a diez, de a diez, llévelo, llévelo, de a diez. El San Jud...

Embriaguez marina

Embeleso de mi triste día, cobijo de cristal que de tiempo en tiempo haces clap, clap. Contigo se mece mi anhelo, un primigenio deseo. Va y viene mi sangre sin descansar Dador de atemporales señales, a tu vera los lunares son estrellas que un mago logra descifrar Guardador de secretos, cómplice de milenarios tiempos cupido de sal, delirio nocturno en par, que me prestas ojos para andar una alfombra de espejo donde el alma acompañada puede reposar. Contenedor de carnadas, que una esperanza arroja sin dudar, no pases como el tiempo, no quedes en recuerdo, sé memoria palpable que yo pueda abrazar.

Lava

Ser piedra. Ser tierra. Ser tiempo. lunas crecientes y menguantes soles intensos y tibios, ciclones y apenas rumores. Ser la que ni amanece y ya es sombra la que amaneciendo apenas es silueta al mediodía mineral encendido, y vespertinas moronas de recuerdos echadas a rodar por un puntapié deprimido Contener la historia y no asir ni una voz comprender el agua y no verter un río encerrar el dolor y no emitir quejido ser fuerza y no vencer al enemigo matar y seguir andando como buen hijo Y amar sabiendo que las piedras no deben amar Pporque su historia es la misma, alguien las encuentra en su camino, las mira hermosas, las mete en el bolsillo llega a casa, las pone sobre una mesa y no las mira jamás Pero esperar porque del tiempo viene la sabiduría y la piedra se hace fuerte con el paso de la indiferencia, porque cuando nadie la mira, en su interior se gesta la vida La piedra quieta no descansa Contempla, medita, obs...

Otra noche

Caminan cucarachas sobre mí Devoran mis pies Y Dios guarda silencio Y San Jorge también ¿Quién tiene mi alma? ¿Quién? Gracias a dios se murió mi hijo Gracias a él Hoy construyo mi casa con lágrimas Donde habita el desamor Mi cuerpo tiembla No tengo voz No tengo alma ¿Quién soy yo? Gracias a dios Me extingo Cuánto frío Abuela, ven con tu rebozo de punta y tu escapulario Hija de María Dame la mano Te prometo no hacer ruido.

Punzante

Tengo comezón en el corazón Rascádmelo y horadar mi vida que de cualquier modo yace entre estas paredes de llanto y esta pesada cama de angustias que duerme, descarada, sobre mí.

Hielo

¿Cómo ser más que esta emoción salvaje, instintiva, descarriada? ¿Cómo dejar de esperar? ¿Cómo hacer que ya no duela este no ser prioridad ni urgencia ni deseo ni necesidad ni anhelo ni obsesión ni aspiración ni delirio ni locura ni rabia ni flor ni quemadura ni ansia ni desvelo ni ruego ni llaga ni adoración ni poema ni sol ni una estrella no ser sencillamente y sin embargo arder arder arder?

Cuando no estás

Es mi urgencia de ti la que no me deja terminar de adorarte la que crece como enredadera y trepa por tus muslos silente pero escandalosamente asida a tu epidermis Es esta necedad que me obliga a reinventarte en la ausencia en tu olor entre las sábanas solas en el espejo, en un vaso, en una camisa sucia o en el eco de tu voz que sólo yo distingo en el arrullo de la noche Es esta mi necesidad de decir tu nombre de no cansarme de llamarte de pasar noches en vela buscando una palabra justa que te convenza Es esta mi terquedad de pensarte vestido y desnudo deseoso como un naufrago de isla y ser yo la isla que te espera todos los días y a la que a penas tocas ya es tuya Es esta mi sangre urgente que ruega una deferencia que se impacienta y hace del latido un toque tórrido de tambores batiéndose en el tiempo Y es este instante y este sitio los que me hacen suplicarte una caricia que mengüe la urgencia primitiva d...

Yo en ti

No sé por qué te quiero rabiosamente te quiero Pero ignoro por completo si se debe a tu ojos redondos a la temperatura de tu cuerpo al cosmos de tu pecho a tu tibio y húmedo sexo O quizá a tu palabra demorada a tu beso exacto a tu sonrisa de niño huérfano o a tu dedo chueco Pero pienso en la razón más simple. Tal vez sólo sea porque cuando no lo notas en tus ojos me encuentro en tu caricia me contengo y en medio de tus silencios escucho estruendosamente mi corazón latiendo

Y no es migala

Sé que está aquí. Lo sé porque he visto cómo se mueven sus tentáculos en la sombra, saliendo debajo de la cama. Lo adivino a mis espaldas, amenazante, con mil rostros pero ninguno visible. A penas giro la cabeza, se esconde. Pero lo veo, alcanzó a mirar el halo de su presencia con el rabillo del ojo. Si me duermo llega. Me cubre. Succiona de mis ojos las lágrimas, de mi boca la saliva, de mi sexo los fluidos. Me deja seca como hoja de otoño, que luego, alguien, el inesperado, pisa. Ya no apago la luz. Vigilo. No tengo sueño, sino visiones. Siento como gira el mundo. Mi cama se mueve como si fuera el mundo, y no me puedo bajar. Y si me quedo dormido sus tentáculos se tornan alas, y aletea sobre mi rostro, entonces la noche es más oscura. Ahora mismo me vigila como yo a él, como Dios a mí, como Lucifer a Dios, como Dios a su ombligo. Estoy despierta. Está aquí.

Plegaria

Que ya no vengan las alas negras que ya no Que no me quieran estrangular con la sábana de mi cama que ya no Que no canten los grillos tan cerca que no Que no se me suba el muerto no, que no Que ya no tiemble que ya no Que no se muera mi hijo no, nunca más, no Que su papá no se caiga que no.

Ruina

¿Por qué si este edificio sigue en pie yo miro que se ha caído y siento cómo los escombros pesan en todo mi cuerpo?

Amenorrea

En las paredes sangre en mis manos sangre en mi cama sangre en mis sueños sangre en mi llanto sangre en mi boca sangre en mi vientre la muerte.

Interrupción

I En mi vientre las jacarandas floreciendo II En mi vientre oquedad y luto

De la Suite Vitoria, pasando por la Adelita y El Sinaloense a Duke Ellington

Qué manera de entregarse. De pronto el Auditorio Nacional fue el océano; ellos y nosotros, la marea. Ellos: la Jazz at Lincoln Center Orchestra, con el trompetista Wynton Marsalis al frente; el cubano Paquito D’Rivera, el Cuarteto Flamenco del pianista Chano Domínguez —entre quienes se cuenta a Daniel Navarro en el baile flamenco—, el baterista mexicano Antonio Sánchez, el arpista Edmar Castañeda, el bajista peruano Óscar Stafnaro, el trompetista argentino Diego Urcola, y el magistral bailarían de tap Pared Grimes, venían a bañar nuestras playas con sus sincopas sanadoras, y nosotros regresábamos esa marea en aplausos prolongados, y en ese vaivén uno podía decir que bien había valido toda la penuria de vivir. El Concierto fue un encuentro constante entre tradiciones musicales, una especie de hermandad sincopada: jazz, flamenco, y de México lo inimaginable: un jazzeado corrido de la revolución: y si Adelita se fuera con otro…, cantado por la voz del sax d...

Revelación 2

Hoy lo sé, mi abuelo era un árbol.

El güaje

Era, sí, un árbol de tronco grueso por el que solía subir con la agilidad que ya no poseo y su raíz brotaba de la tierra ansiosa por emprender algún vuelo Era su fronda una fresca y deseada sombra en los calurosos días del verano en que las horas lentas alcanzaban para saltar la reata y jugar a los encantados Eran sus vainas guindas pendientes largos que adornaban el viento con suaves sonidos y sus frutos, cuentas olorosas, de redondo verde misterio Historia de un furtivo encuentro, escondite recurrente, amenaza de un castigo, orgullo del abuelo Ramas que descansaban en el techo y retaban al limonero en medio del patio convertido en batalla campal, donde sus brazos blandían filosas hojas Árbol para abrazar, y columpiar pensamientos de niños solos herencia sin par que derribó la soberbia hacha en un día de vorágine necesidad Imagen pertinaz e insistente como el recuerdo de los abuelos en un día frío ya sin ellos.

Estelar

Y la revelación cayó como los aguaceros sobre el pavimento y las indefensas hojas verdes: morí por ti morí de ti desanduve los pasos para ser polvo celeste para volver al origen y ser historia, y ser sin ti No ser más la que fui contigo sino ser sola expansiva, inasible Ser silencio pero luz Ser polvo pero verdad No ser más cuerpo ser esencia ser muerte y más allá ser sin tí ser para mí.

Claridad

Y la revelación cayó como los aguaceros sobre el pavimento y las indefensas hojas verdes morí por ti morí en ti entonces desanduve los pasos para volver a nacer

Empequeñecer

Porque las lunas menguaban cada mes, y su piel se endurecía y la opacidad de sus ojos semejaba la noche, por eso dejó de querer, de querer jugar, de querer bailar, de querer hablar, y se hizo un silencio delgado, un cuerpo de silencio, con cabellos largos de silencio y dedos artríticos de silencio. Y no volví a escuchar mi nombre escoltado por sus labios, contorno de tibia humedad en los que mis palabras nadaron en los días de fortuna. Entonces yo empequeñecí, como los hombres viejos, como los ríos secos, como los árboles sin sol.

Ocaso

Al amparo de tu tronco fuerte como ningún hombre, haré un columpio para arrullarme en la tarde cálida y seguir al sol mientras se esconde