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Embriaguez marina

Embeleso de mi triste día, cobijo de cristal que de tiempo en tiempo haces clap, clap. Contigo se mece mi anhelo, un primigenio deseo. Va y viene mi sangre sin descansar Dador de atemporales señales, a tu vera los lunares son estrellas que un mago logra descifrar Guardador de secretos, cómplice de milenarios tiempos cupido de sal, delirio nocturno en par, que me prestas ojos para andar una alfombra de espejo donde el alma acompañada puede reposar. Contenedor de carnadas, que una esperanza arroja sin dudar, no pases como el tiempo, no quedes en recuerdo, sé memoria palpable que yo pueda abrazar.

Lava

Ser piedra. Ser tierra. Ser tiempo. lunas crecientes y menguantes soles intensos y tibios, ciclones y apenas rumores. Ser la que ni amanece y ya es sombra la que amaneciendo apenas es silueta al mediodía mineral encendido, y vespertinas moronas de recuerdos echadas a rodar por un puntapié deprimido Contener la historia y no asir ni una voz comprender el agua y no verter un río encerrar el dolor y no emitir quejido ser fuerza y no vencer al enemigo matar y seguir andando como buen hijo Y amar sabiendo que las piedras no deben amar Pporque su historia es la misma, alguien las encuentra en su camino, las mira hermosas, las mete en el bolsillo llega a casa, las pone sobre una mesa y no las mira jamás Pero esperar porque del tiempo viene la sabiduría y la piedra se hace fuerte con el paso de la indiferencia, porque cuando nadie la mira, en su interior se gesta la vida La piedra quieta no descansa Contempla, medita, obs...

Otra noche

Caminan cucarachas sobre mí Devoran mis pies Y Dios guarda silencio Y San Jorge también ¿Quién tiene mi alma? ¿Quién? Gracias a dios se murió mi hijo Gracias a él Hoy construyo mi casa con lágrimas Donde habita el desamor Mi cuerpo tiembla No tengo voz No tengo alma ¿Quién soy yo? Gracias a dios Me extingo Cuánto frío Abuela, ven con tu rebozo de punta y tu escapulario Hija de María Dame la mano Te prometo no hacer ruido.

Punzante

Tengo comezón en el corazón Rascádmelo y horadar mi vida que de cualquier modo yace entre estas paredes de llanto y esta pesada cama de angustias que duerme, descarada, sobre mí.

Hielo

¿Cómo ser más que esta emoción salvaje, instintiva, descarriada? ¿Cómo dejar de esperar? ¿Cómo hacer que ya no duela este no ser prioridad ni urgencia ni deseo ni necesidad ni anhelo ni obsesión ni aspiración ni delirio ni locura ni rabia ni flor ni quemadura ni ansia ni desvelo ni ruego ni llaga ni adoración ni poema ni sol ni una estrella no ser sencillamente y sin embargo arder arder arder?

Cuando no estás

Es mi urgencia de ti la que no me deja terminar de adorarte la que crece como enredadera y trepa por tus muslos silente pero escandalosamente asida a tu epidermis Es esta necedad que me obliga a reinventarte en la ausencia en tu olor entre las sábanas solas en el espejo, en un vaso, en una camisa sucia o en el eco de tu voz que sólo yo distingo en el arrullo de la noche Es esta mi necesidad de decir tu nombre de no cansarme de llamarte de pasar noches en vela buscando una palabra justa que te convenza Es esta mi terquedad de pensarte vestido y desnudo deseoso como un naufrago de isla y ser yo la isla que te espera todos los días y a la que a penas tocas ya es tuya Es esta mi sangre urgente que ruega una deferencia que se impacienta y hace del latido un toque tórrido de tambores batiéndose en el tiempo Y es este instante y este sitio los que me hacen suplicarte una caricia que mengüe la urgencia primitiva d...

Yo en ti

No sé por qué te quiero rabiosamente te quiero Pero ignoro por completo si se debe a tu ojos redondos a la temperatura de tu cuerpo al cosmos de tu pecho a tu tibio y húmedo sexo O quizá a tu palabra demorada a tu beso exacto a tu sonrisa de niño huérfano o a tu dedo chueco Pero pienso en la razón más simple. Tal vez sólo sea porque cuando no lo notas en tus ojos me encuentro en tu caricia me contengo y en medio de tus silencios escucho estruendosamente mi corazón latiendo

Plegaria

Que ya no vengan las alas negras que ya no Que no me quieran estrangular con la sábana de mi cama que ya no Que no canten los grillos tan cerca que no Que no se me suba el muerto no, que no Que ya no tiemble que ya no Que no se muera mi hijo no, nunca más, no Que su papá no se caiga que no.

Ruina

¿Por qué si este edificio sigue en pie yo miro que se ha caído y siento cómo los escombros pesan en todo mi cuerpo?

Amenorrea

En las paredes sangre en mis manos sangre en mi cama sangre en mis sueños sangre en mi llanto sangre en mi boca sangre en mi vientre la muerte.

Interrupción

I En mi vientre las jacarandas floreciendo II En mi vientre oquedad y luto

Revelación 2

Hoy lo sé, mi abuelo era un árbol.

El güaje

Era, sí, un árbol de tronco grueso por el que solía subir con la agilidad que ya no poseo y su raíz brotaba de la tierra ansiosa por emprender algún vuelo Era su fronda una fresca y deseada sombra en los calurosos días del verano en que las horas lentas alcanzaban para saltar la reata y jugar a los encantados Eran sus vainas guindas pendientes largos que adornaban el viento con suaves sonidos y sus frutos, cuentas olorosas, de redondo verde misterio Historia de un furtivo encuentro, escondite recurrente, amenaza de un castigo, orgullo del abuelo Ramas que descansaban en el techo y retaban al limonero en medio del patio convertido en batalla campal, donde sus brazos blandían filosas hojas Árbol para abrazar, y columpiar pensamientos de niños solos herencia sin par que derribó la soberbia hacha en un día de vorágine necesidad Imagen pertinaz e insistente como el recuerdo de los abuelos en un día frío ya sin ellos.

Ocaso

Al amparo de tu tronco fuerte como ningún hombre, haré un columpio para arrullarme en la tarde cálida y seguir al sol mientras se esconde

Agonía

Tu respiración flemática y el goteo del suero abarcan toda la habitación. Te desconozco. Ignoro de quien es el cuerpo que ahora encierra un alma que ha extraviado la palabra, ignoro de quién es el esqueleto forrado por un cuero añoso que al más ajeno entristece. En este momento la oración es una plegaria muda. ¿Dónde estás? Tú no eres la que me enseñaba a nadar en La Roqueta, no eres quien bebía cerveza una tarde en el Pie de la Cuesta mientras el sol horadaba con su parsimonia cálida al mar. No eres quien, pese a la Reforma, me hizo la falda tableada para recitar las loas a Juárez. Tú, la que agoniza en esta cama de hospital, eres unos huesos enfermos, una respiración cada vez más delgada, un bulto pesado al que tenemos que dar vuelta. Vigilo tu respiración en esta madrugada fatídica. (En realidad, vigilo tu muerte y la inutilidad de doctores y enfermeras). Te empeñas en mantener los ojos abiertos sospechas que no volverás abrirlos Eres un monumento al desi...

Grito

De costilla a costilla, el silencio retumba como un eco triste aislado en medio de un paisaje dolorosamente apacible, ajeno a la ausencia de verdes prados Hay que dar la espalda al sol que ciega y provoca el tumbo de los tambores que tocan tórridos lamentos sobre taciturnas tumbas Hay que columpiarse en la luna confiado en que el rítmico vaivén derive en melodiosa armonía cuyos filosos agudos rasguen de forma definitiva la sordina del manto afónico Que este velo de silencio vergonzoso se deslice que este penoso esperar al fin se impaciente Hágase la voz que lo mismo loe que maldiga y que diga tanta verdad que comience a ser mentira Nunca más cubra la palabra creada para horadar lo más impuro y primitivo del silencio: el miedo Así sea

Eros

Durante todo el año espero la Noche Buena tú te sientas en un extremo de la larga mesa yo en el opuesto Se interponen platillos exquisitos, candeleros, copas y una inoperante vajilla Pese al camino de obstáculos ya las miradas descansan una sobre otra Pido la sal, y ya me has quitado el abrigo Solicito el pan y tu mano baja sigilosa mi vestido Bebes sin que tus ojos se aparten de mi boca El barullo no interrumpe el silencio con el que gritas ¡eres mía, soy tuyo! Y mientras partes la carne, beso tu cuello y al tiempo que comemos, ambos lo sabemos ya nos pertenecemos Ruego porque tu mano tibia no se aparte de mi cintura porque sigas bebiendo largos tragos de mi pezón urgente de tu boca porque pueda con el rabillo del ojo seguir acariciando tu sexo hirviente, ansioso, suplicante como un desierto ante la insensata belleza de una nube lisonjera Desinhibidos por efecto de la fantasía qué es tu cuerpo pegado al mío, sino manifestación divina cosmos de lunares, símbolos de celeste...

Formas de morir

Hablo tan poco que temo que he comenzado ha inexistir Porque no decir debe sin duda ser una forma de morir como los es no amar y no tener ganas ni de llorar como lo es no coger y no tener ganas ni de.

En extinción

Inevitablemente me extingo me lo recuerdan las agendas garabateadas con los días idos las delatoras canas primeras el punzar en las rodillas al andar pendientes la grosera e impúdica adolescencia de quienes arrullé la comprensión de la incongruencia este enojo como vicio y la imprudente muerte de mis amigos

Desierto

Dicen los que saben que no es el vacío sino peor habita lo habitado y contiene lo contenido Es extenso como culebra endémica peste vorágine agudo dolor primigenio hirviente sonido hambre lastímera insufrible delirio laberinto de recuerdos demencial secreto arenal de deseos Espino en lo ojos llaga en los labios sangrante oasis para necios entristecidos Sepultura y descanso horror y seducción claridad y misterio cuna y ferétro anhelo inaplazable de amorosos deshauciados