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Mostrando las entradas etiquetadas como Matando el tiempo

San Judas está de moda

Multi-identidad y contracultura, entre lo culto y lo pagano Anasella Acosta C oloca a San Judas entre sus piernas. Se retoca las pestañas. Domingo 28 de septiembre, metro Impulsora, 12:30 de la tarde. Se encuentra con Berenice de unos 15 años. Visten pantalones ajustados, cabello engomado. Su actitud es coqueta, como si asistieran al encuentro de un amor primerizo. Trasborde en Guerrero. Destino: metro Hidalgo, Templo San Hipólito. Anuncios fluorescentes en los que se lee “San Juditas” indican la salida correcta. Grupos de jóvenes abrazan orgullosos, quizá altaneros y desafiantes, la efigie de San Judas Tadeo en hueso, madera, plástico o yeso; se lo visten, estampado en pla yeras o en túnica blanca y manto verde; se lo cuelgan de las muñecas o del cuello en escapularios, rosarios y cuentas circulares; se lo tatúan en los brazos y el pecho. Esquina Guerrero y Zarco, Centro Histórico. De a diez, de a diez, llévelo, llévelo, de a diez. El San Jud...

De la Suite Vitoria, pasando por la Adelita y El Sinaloense a Duke Ellington

Qué manera de entregarse. De pronto el Auditorio Nacional fue el océano; ellos y nosotros, la marea. Ellos: la Jazz at Lincoln Center Orchestra, con el trompetista Wynton Marsalis al frente; el cubano Paquito D’Rivera, el Cuarteto Flamenco del pianista Chano Domínguez —entre quienes se cuenta a Daniel Navarro en el baile flamenco—, el baterista mexicano Antonio Sánchez, el arpista Edmar Castañeda, el bajista peruano Óscar Stafnaro, el trompetista argentino Diego Urcola, y el magistral bailarían de tap Pared Grimes, venían a bañar nuestras playas con sus sincopas sanadoras, y nosotros regresábamos esa marea en aplausos prolongados, y en ese vaivén uno podía decir que bien había valido toda la penuria de vivir. El Concierto fue un encuentro constante entre tradiciones musicales, una especie de hermandad sincopada: jazz, flamenco, y de México lo inimaginable: un jazzeado corrido de la revolución: y si Adelita se fuera con otro…, cantado por la voz del sax d...

Día 20 del 2

Siempre me sorprenderá su sabiduría. Rosa me explicó que los pollitos siguen a las güajolotas y no a las gallinas porque fueron aquéllas las que los empollaron y no éstas. Hay algunas gallinas que aunque culecas abandonan los huevos que acaban de poner, entonces Rosa los toma y los pone en el nido de la güajolota y ésta se echa sin ningún problema. Claro que para que la operación sea exitosa el cambio de huevo de nido a nido debe realizarse en un plazo de ocho días una vez que la gallina ha puesto el huevo, si no, ni dios padre podrá hacer nada. Lo más maravilloso es que una vez descascarados, los pollitos adoptan a la güajolota como madre y la siguen para donde quiera que vaya. Y ésta hace lo propio con los pollitos. Así es como, sin ningún trauma, una güajolota tiene por hijos a pollitos y no a güajolotitos, mejor llamados en esta región de Michoacán, cunes. Rosa prometió que si regreso pronto matará a una de esas desalmadas gallinas ...

Día 21 del 2

Sacaron las borregas por la parte trasera del corral. Derribaron los adobes, luego ataron los hocicos de cada una con tela adhesiva, y las condujeron por unos doscientos metros, hasta la camioneta que se las llevó vaya a saber dios dónde. Mi tía Domitila no deja de llorar por la pérdida de los animalitos. ¡Pobres! Recién trasquilados, buenos para barbacoa pero más buenos para matar el tiempo de cada día pastoreándolos. Cuenta todo hasta tres veces, mientras parte una lima gigante, que para mi información, explica que se llama sidra, y que tiene un sabor parecido a la lima. Ahí en su mundo, la cuidan una bugambillia, dos árboles de aguacate, muchos de lima y sidra, gallinas negras y copetonas, un río humilde y una peña que se alza vanidosa en medio de nopales y numerosos huisaches. Mientras vuelve a contar la historia del asalto de borregas, las gallinas cacarean, y Elena y yo aprovechamos para buscar los huevos que han puesto, y ganarle al capulín, el perro de...

Día 26 del 1

Estaba dando buen resultado hablar con las cucarachas, pero justo cuando creía que me había librado de ellas, aparecieron dos. Juro que les hablé sobre la armonía de los mundos y de Dios, aunque debo reconocer que olvidé la frase metafísica tal cual debía pronunciarse, irremediablemente las maté. Pero no las aplasté, sólo un poco de veneno. He pensado que el olor a leche hirviendo las convoca. También he notado que dentro de su evolución hay algunas que ya cuentan con alas. Qué envidia. Claro, sólo por las alas. Porque qué ganas de tener alas, de volar, de despegar estos mundanos pies de la Tierra. Mientras no, he de seguir preocupándome por vulgaridades; caí en cuenta que he sido una condómina desobligada, y no por culpa, sino por consciencia, decidí ponerme al corriente en los pagos para el mantenimiento. Lo cierto es que de noventa inquilinos sólo pagamos veinticinco. El vecino de arriba no termina de arreglar la filtración de agua en el área de la regadera. Anoche hizo ...

Día 25 del 1

Descubro mis primeras canas. Un travesti, acicalado como señora de fonda, me sirve amorosamente un entomatado con arroz y me prepara agua de sandía, aunque la sandía no es mi fruta preferida me sabe a gloria. Son las ocho de la noche y apenas voy a comer. Camino sobre Tlalpan rumbo a casa de Y. Los travestidos trabajan duro, son espectáculo para mis ojos, con sus implantes de nalgas y bustos imposibles, sus vestiditos de mayas que dejan ver sus tangas y sus formas grotescamente curvas. Son escandalosos, bromean con un motociclista y un camotero, pero cuando yo paso no dicen nada, respetan, si los respetan claro está, porque como dijo don Benito “El respeto al derecho ajeno ... y todo lo demás”. Un oficial, con una prestancia inusual me ayuda a encontrar el número del edificio. Se lleva la mano al revólver que pende de la cintura y por si me quedara alguna duda confirma: “Si necesita algo aquí voy a estar”. Se encamina a su esquina. Es tan extraño que hoy sea lunes.

Día 24 del 1

Caminata por el Centro Histórico. Encuentro con un rótulo sobre la pared “Pulques finos de Ometusco”, a su costado izquierdo, un diablo rojo que anuncia una pastilla milagrosa contra los resfriados, el catarro, dolor de garganta y cabeza, influenza, etc. Un puente que no tiene razón de ser pero que embellece el momento. Un sol piadoso consuela. Interés ante la obra del italiano Pedro Friedeberg, en Bellas Artes. Lo entiendo, soy un anaberinto. El arte exige honestidad no se puede ser quién no sé es. Impostar una visión del mundo es autoboicotearse. Entro al museo de Geología. Yeso, cuarzo, alas, calcita, pirita y otras muchas más itas cuyos nombres quiero regresar a aprender, piedras divinas, de eso no hay duda. Y la evolución del mamut. Remato con un helado de mamey en la maltrecha y abandonada alameda del Kiosco Morisco. Ojalá algún día podamos recuperarla.

De entre lo poco que aun me causa sorpresa

José María ha aprendido a leer. Lee todo lo que se pone frente a sus ojos. Y tiene una audacia sorprendente para dividir las palabras en sílabas y así determinar su escritura. En su reciente visita leímos Colás el chico y Colás el grande, de una antología de Hans Christian Andersen. Lo leímos antes de dormir y escuchó con atención y me preguntó por qué Colás el chico sólo tenía un caballo, y después por qué Colás el grande siempre quería lo que tenía Colás el chico. Me dijo que nunca había escuchado un cuento tan largo. Al día siguiente, a penas despertó me platicó que ya sabía hacer papel picado, y que podíamos hacerlo ese mismo día. Lamentablemente la agenda de sus papás no lo permitió. En el transcurso del día me hizo otra pregunta capciosa: "Ana, ¿qué es un enemigo?". José María tiene cuatro años y una adicción por las historias que me maravilla, sin menospreciar su gran curiosidad por palabras de gran complejidad (como lo es "enemigo"). Ah...

En busca de...

Busco una señal. En el espejo, en mi cuerpo, en el rostro de las personas que veo. Debe estar en algún sitio, eso es indudable. La señal es un símbolo, y el símbolo encierra el sentido de todo misterio. Sé que puede estar en las líneas de mis manos o en el iris de mis ojos, hasta en la forma de hacer el amor. Quizá los caballos, las alas y las fotografías sean alegoría, símbolo del misterio que me toca develar. Tengo tanto miedo de morir antes, de que el tiempo sea insuficiente para comprenderlo.

Sueño 1

Me escondo de alguien. Me escondo en el closet de mis papás como lo hacía cuando era niña. Me escondo de un hombre al que quise, pero ahora no quiero que me encuentre, no quiero verlo ni hablar con él. Entro a un pasaje, que va a dar a un cuarto donde hay muchos retratos, es muy parecido al cuarto de la casa de mis abuelos, donde hay fotografías en todas las paredes, la mayoría son fotos viejas de la familia y de personas que no conozco, pero sé que son mis muertos.

Voladores de Papantla

Hola a todos, les comparto un reportaje sobre la ceremonia ritual de los Voladores de Papantla, recién inscrita como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO http://cuartoscuro.com.mx/2009/10/voladores-de-papantla-patrimonio-intangible-de-la-humanidad/

Yo, guerrillera

Hace aproximadamente diez años decidí hacer mi tesis de licenciatura sobre el trato que la prensa nacional dio a la irrupción del Ejército Popular Revolucionario. En ese entonces, estaba atada a un trabajo y -me cuesta reconocerlo pero debo hacerlo- mi perspectiva estaba tan limitada que nunca pensé en la posibilidad de ir a Guerrero para contactar directamente a los miembros del grupo armado que se dio a conocer a un año de la masacre cometida contra campesinos en Aguas Blancas, Gro., hecho del que nos enteramos -gracias a la osadía del periodista Ricardo Rocha- sentados en la comodidad que provee la sala de televisión. Hoy no lo dudaría ni un segundo. Tomaría mis libretas, lápices, grabadora y cámara fotográfica y me iría a Guerrero, si estuviera investigando al respecto. Agradezco al periodismo la osadía que me ha inculcado en ese sentido. De haberlo hecho en aquello época o en ésta seguro habría una ficha en Gobernación, en la que yo estaría tipificada como “guerrillera” en el me...

Del arte de conversar

Del arte de conversar Lejos. Muy lejos dejó Montaigne mi concepción sobre los buenos conversadores. Embriagados por su buen decir, la belleza de sus voces y las palabras de las cuales echan mano, es fácil rendirse ante los charlatanes, hoy mejor ubicados en el ámbito de la seducción mercadológica que incita nuestras necesidades más sublimes. Los verdaderos conversadores han sido secuestrados por el mercado, en su lugar se erigen impostores que han aprendido en las escuelas el empleo de usos retóricos y las técnicas publicitarias, con el fin de envolvernos en un ensueño de palabras que más temprano que tarde nos dejan sin asideros en el tortuosos camino de la vida. El buen conversador no es necesariamente el que cuenta historias sorprendentes, donde ficción y realidad están mezcladas para hacer de la ilusión nuestro deseo, ni tampoco el que cita de memoria los pasajes de la historia o de las obras literarias, ya lo dice Montaigne: “No hay que ceder siempre por verdad ...