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Viento

De la punta de tus dedos se despeñaban las caricias con las que arrullabas el sueño de las mujeres solas en la tardes de abril Y era tan fino el tejido que hilaba su existencia que al partir, iban cobijadas por mantos finísimos bordados con hilo-tacto Las jacarandas tendían alfombras violetas a su paso sobre las que caían evocaciones insistentes del escultor tallando hombros, largos muslos, pies grandes Te sabías autor de su goce, vestías el orgullo de manta blanquísima, para despistar al contrincante Discreto, aguardabas la tarde siguiente en que desnudas amorfas y tristes suplicaran un roce.

Tarde de domingo

…como caerse brutalmente y joderse la nariz, la boca y la frente, y admitir la forzada misericordia, que a otros los hará sentirse menos culpables , y a uno más torpe, anciano y solo …como vivir eternamente bajo cielos plomizos ...como andar descalzos sobre suelos helados sin perdón de ningún dios … como saberse viejo y feo, y tener que levantarse para decir “buen día” ... como quedarse sin ganas sin hambre, sin necesidad de coger ... como muñón de árbol, como calvicie …como haber perdido la memoria sin remordimiento y aceptar que el amor no es cierto y sí la contradicción …como la caída de dientes en una pesadilla, o la materia que entre las manos se reblandece irremediable …como ser millonario y haber apostado a una carta desafortunada …como no haber parido hijos, ni escrito libros, ni fundado empresas …como no haberse enamorado hasta vomitarse de dolor o suicidar a las palabras de razón …como haberse tragado puñados de arena sin menguar la aridez de las dunas desiertas …como per...

Haz

En algún lugar y tiempo que desconozco un haz diminuto recorta los cuerpos enganchados en la oscuridad de una habitación anónima Un río de sudor es el inicio de una delta que no imagina la separación de un futuro triangular dispersado en el infinito azul del mar Los labios urgentes horadan la piel en busca de la entretela epidérmica que sacie la necesidad de improrrogables apetencias Volátiles caricias se deslizan en piramidales pechos, pendientes circulares de muslos perfectos, rincones donde habitan oscuros secretos. Cada aleteo manual, contiene el tiempo la caricia musical es una obertura para eróticos violines y descarados chelos La marea de piel por momentos se enfurece, se vacía en un fortissimo delirio arenal El deshago consume el haz en un epílogo gutural del instante contenido en la fugacidad luminosa del orgasmo.

Reloj de Arena

Cuando nadie nos nombra el Ser se adelgaza cuando nadie nos toca este nombre, esta casa invento se tornan Sin el abrazo que contiene la calidez palpitante de la sangre, es un río el cuerpo cuyo instante no se palpa Cuando más vale hablarle a la piedra o a la montaña , cuando abrazamos y asimos a la nada no queda sino contar las horas que nos faltan

Abrazo de sol

Traspasa la ventana íntima el amanecer bermellón de cálidos augurios Ni una sola cosa hallaría forma si su contorno no fuera escrito con el haz de la piedra delirante Nada sería de los turgentes muslos de la amante satisfecha ni de la rigidez de un miembro en guardia dispuesto a cebarse con su presa Magnánima y clemente con los torpes otorga a cada uno vidas nuevas 365 días al año Al ingenuo rayo le concede el instante y pare las sombras que acompañan a los solitarios hombres a soberbios edificios a despeinados árboles Qué inútiles los ojos si no alumbrarán sus brazos la desdicha de la tierra y la dicha del poema

Llanto triunfal

Estar contenida por la piel, por el vaso, por la tierra caucásica que comprime en lava el hirviente fuego de la palabra que digo Construir mi nombre con la muerte de los míos Sobre el sarcófago inscribo las letras de la tristeza que decido ser Teóricos, no se confundan yo no lloro en los rincones y a escondidas Lloro a berridos arrancados con la piel del minuto desertor Mi queja no es lamento es canto Mi llanto no es tormento ni espanto No me duelen las lágrimas, me carcome la extensión máxima de mis brazos asidos a la mentira de periplos no creídos ni por el más alfeñique de lo insectos La lengua de los dioses lame la espalda tullida de la orfandad en que se mecen los días del abandono Ni la pueril lástima de la divinidad consuela el deseo perdido en un almanaque pútrido, merced del ácaro y el polvo ¿Dónde se pone el vacío? Que lo contenga una sima la sequedad de una laguna el cielo y una nube blanca el rayo y el rugido del poema doblegando mi garganta.

Incertidumbre

Ya van cabalgando por los valles potros fortísimos de brunas crines y rítmicos cascos que chapotean el rocío del amanecer en los pastos Es el delirio del hombre enamorado, que se desdobla en la aurora violácea, como techumbre para el paso de Apolo en busca de la gloria amada Acompañan las aves con su canto al corazón henchido, va trotando sin descanso, urgente del abrazo de una mujer de peplo cristalino No se cansa el jinete, no se agita el caballo, a cada trote es menos la distancia, ya se divisa el castillo de altas torres y doncella en esperanza Se detiene el caballero ante la puerta el viento agita su cabellera, se despierta la incertidumbre ¿el destino era ella o simplemente cabalgar sin rumbo fijo?