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Agonía

Tu respiración flemática y el goteo del suero abarcan toda la habitación. Te desconozco. Ignoro de quien es el cuerpo que ahora encierra un alma que ha extraviado la palabra, ignoro de quién es el esqueleto forrado por un cuero añoso que al más ajeno entristece. En este momento la oración es una plegaria muda. ¿Dónde estás? Tú no eres la que me enseñaba a nadar en La Roqueta, no eres quien bebía cerveza una tarde en el Pie de la Cuesta mientras el sol horadaba con su parsimonia cálida al mar. No eres quien, pese a la Reforma, me hizo la falda tableada para recitar las loas a Juárez. Tú, la que agoniza en esta cama de hospital, eres unos huesos enfermos, una respiración cada vez más delgada, un bulto pesado al que tenemos que dar vuelta. Vigilo tu respiración en esta madrugada fatídica. (En realidad, vigilo tu muerte y la inutilidad de doctores y enfermeras). Te empeñas en mantener los ojos abiertos sospechas que no volverás abrirlos Eres un monumento al desi...

Grito

De costilla a costilla, el silencio retumba como un eco triste aislado en medio de un paisaje dolorosamente apacible, ajeno a la ausencia de verdes prados Hay que dar la espalda al sol que ciega y provoca el tumbo de los tambores que tocan tórridos lamentos sobre taciturnas tumbas Hay que columpiarse en la luna confiado en que el rítmico vaivén derive en melodiosa armonía cuyos filosos agudos rasguen de forma definitiva la sordina del manto afónico Que este velo de silencio vergonzoso se deslice que este penoso esperar al fin se impaciente Hágase la voz que lo mismo loe que maldiga y que diga tanta verdad que comience a ser mentira Nunca más cubra la palabra creada para horadar lo más impuro y primitivo del silencio: el miedo Así sea

Día XXX

Equivocarse

Ya no quiero nada Nada Ni las flores Ni las palabras Quiero Sí Sí quiero Dormir Dormir Dormir Cerrar la luz Y dormir Porque nada importa Nada Qué importa Ni el lago acechante Ni la garza pura Roto el jarrón, dónde contenerse Perdido el norte Hacia dónde encaminarse Sin frutos El árbol es inocuo Sin miedo el valor se malogra la hazaña es desmérito la victoria un cuento Mejor dormir Mejor morir

De izquierdas

Arrastraba el pie izquierdo con la parsimonia de los caracoles. Se decía por lo bajo que había sido miembro activo de la Liga. Lo del pie corto era un viejo recuerdo de uno de tantos asaltos. Juana y yo le obsequiamos un par de zapatos formado por dos tallas, uno seis, para el derecho, y el otro cuatro. Cuando le dimos el par dispar quiso contarnos la historia. Su mujer lo dejó y de puro coraje le dio una patada a uno de los rieles de la vieja vía, por la que ya no pasan trenes pero por la que entonces pasaban, pero tampoco fue el tren el responsable, sólo el coraje. También nos quiso mostrar el pie izquierdo. No tiene dedos.

Lo amo

— No se muevan. Toda la lana... ¡Órale! — Aí’ stá — Los celulares, los relojes, los anillos... — Ya 'stuvo, ya 'stuvo… — Jálense no volteen, ¡rápido! … — José, en la bolsa iba el disco de Sabina — Jijos de la chingada, ¡qué poca madre!

Día 20 del 2

Siempre me sorprenderá su sabiduría. Rosa me explicó que los pollitos siguen a las güajolotas y no a las gallinas porque fueron aquéllas las que los empollaron y no éstas. Hay algunas gallinas que aunque culecas abandonan los huevos que acaban de poner, entonces Rosa los toma y los pone en el nido de la güajolota y ésta se echa sin ningún problema. Claro que para que la operación sea exitosa el cambio de huevo de nido a nido debe realizarse en un plazo de ocho días una vez que la gallina ha puesto el huevo, si no, ni dios padre podrá hacer nada. Lo más maravilloso es que una vez descascarados, los pollitos adoptan a la güajolota como madre y la siguen para donde quiera que vaya. Y ésta hace lo propio con los pollitos. Así es como, sin ningún trauma, una güajolota tiene por hijos a pollitos y no a güajolotitos, mejor llamados en esta región de Michoacán, cunes. Rosa prometió que si regreso pronto matará a una de esas desalmadas gallinas ...